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La era de los inhumanos

¡Hola, confesores! ☺

Aprovechando que en la entrada anterior (Actualización de datos) os puse al corriente de las novelas y teniendo en cuenta que en los cuatro días que han pasado desde entonces no he escrito gran cosa y no hay mucho cambio en ese aspecto, quiero aprovechar para hacer una reflexión en forma de texto, que, como sabéis, es la manera como me expreso más cómodo. Esta vez no os espero que os guste, o por lo menos no solo eso, sino además, espero que os haga reflexionar a vosotros también.

 


LA ERA DE LOS INHUMANOS

La historia siempre ha querido clasificarse a sí misma, y es muy recurrente el hecho de pensar en la época que nos ha tocado vivir, ¿cómo somos realmente? ¿Qué es lo que caracteriza a la generación de los que, como yo, nacimos en los 90 de los que han nacido en el nuevo siglo? Probablemente, algunos ya  estéis respondiendo en vuestra mente pensando en alguien cercano a vosotros, pero yo voy más allá.

Lo primero que se nos viene a la cabeza al pensar en los Millenials (los nacidos en el nuevo siglo) es que forman parte de la “era tecnológica”. Estos niños ya no nacen con un pan debajo del brazo, sino con una tablet, y entienden de informática mejor de lo que yo llegaré a entender jamás. Es muy facil clasificarlos por algo así, y acertamos bastante al hacerlo, solo hay que verlos (los menores de diecisiete años).

Pero, ¿y qué pasa con los que nacimos en los 90? Somos la generación perdida, la generación inclasificable. Tuvimos tecnología, pero se nos ha clasificado bastantes veces como “la última generación con infancia”. No voy a reivindicar que, efectivamente, fuimos los últimos que salíamos a la calle a jugar, y jugábamos. No necesitábamos mucho para jugar, aun nos funcionaba la imaginación (poco tardaría en dejar de funcionar en la mayoría de los casos).

La verdad es que, si miras el ambiente por donde estamos a día de hoy los nacidos bajo el signo de los 90, entre la universidad y empezando a encontrar trabajo en la mayoría de los casos, somos una generación marcada por tres términos claves: individualismo, crisis personales y monotonía voluntaria. Somos una juventud (porque seguimos siendo jóvenes) mentalmente envejecida.

Lógicamente siempre hay excepciones, pero, en términos generales, somos extremadamente individualistas. Algo que nos identifica son los auriculares en los oídos a todas horas, no vaya a darse el caso de que alguien quiera hablarnos, en cuyo caso tampoco somos bordes ni ariscos, pero si lo podemos evitar, mejor. Se nos ha educado en lo que se pueden considerar “trabajos en grupo-individuales”. Pocas veces quedábamos para hacer un trabajo en grupo, simplemente alguien hacía una separación del trabajo, cada uno hacía su parte y fin de la historia. ¿Para qué juntarse?

También hemos oído mucho todos eso de “no hables con desconocidos” cuando éramos pequeños y, aunque ha pasado el tiempo, hay quienes nos lo hemos autoinculcado en nuestra cabeza, como si de una norma social se tratase. Es más, esta misma mañana leí un escrito anónimo de alguien de mi universidad que hablaba del tema. Simplemente os voy a destacar una parte:

“Algunos, que en realidad somos muchos, se sientan a solas y miran, miran sin descanso. Esos ojitos tristes a veces se encuentran, y quieren como invitarse a sentirse un poco más humanos, pero rápidamente sacuden las cabezas, porque es una tontería y una vergüenza acercarse al otro, desconocido como lo somos todos, y preguntarle si va todo bien.”

La verdad, ese texto me ha gustado mucho. No sé quién será el autor y supongo que no leerá esto que estoy escribiendo, pero si se diese la casualidad, solo me resta darle las gracias por hacerme pensar.

La siguiente característica que he querido destacar es, sin duda, la frustración. La eterna frustración por todo. No sé si los profesores de filosofía estaban más entregados en los años en que nos impartieron clase a nosotros pero somos una generación que se plantea las cosas y que no acepta nada. No sé si eso último es bueno realmente o no. En cualquier caso, la pregunta de “¿Qué quiero ser de mayor?” nosotros la hemos querido complicar hasta el punto de llegar a plantearsela de la siguiente manera: “¿Qué me gustaría estudiar que no me aburra en exceso para poder intentar dedicarme en algún momento de mi vida, si la suerte me compaña, y que no se convierta en una absurda monotonía que me martirice hasta que llegue el día, aun muy lejano pero ya en mi mente, en que me toque jubilarme?” Y, ante tal pregunta, la respuesta es obvia: nada.

Somos una generación demasiado vocacional y pasional y muy poco práctica. ¿Para qué conformarse con un trabajo que medianamente me gusta y me sirve para pagarme los estudios, los caprichos o las facturas?

Y lógicamente la búsqueda de algo inexistente como es el trabajo d nuestros sueños o el príncipe azul que nos vendió Disney nos lleva a una frustración que puede llegar a superarnos a nosotros mismos, pero eso sí, la hipocresía y el orgullo propio siempre los primeros. Por muy mal que estemos con nosotros mismos, el resto del mundo tiene que vernos bien, positivos y capaces de todo. Ya se encarga la almohada de vernos mal.

Y, como no, ¿quién puede hablar de la generación de los 90 sin mencionar la monotonía voluntario? Rutina, rutina constante, día a día, pero que no nos lo cambien. Nos cuesta amoldarnos, aunque hagamos ver que no. (Recuerdo, hipocresía y orgullo propio por delante siempre). En resumidas cuentas, la rutina de alguien de nuestra generación puede ser tal que así:

Te levantas, siempre a la misma hora y con la ayuda del mismo despertador, o no, somos mucho de utilizar la alarma del móvil. Tienes el tiempo justo para ducharte (si eres de los que se ducha por la mañana), vestirte, desayunar y salir corriendo. Quizá dices un “buenos días” si te cruzas con alguien, pero si lo puedes evitar, mejor. Corres de casa a clase o al trabajo, deseando que pasen las horas para seguir corriendo. No comes, engulles. Sigues corriendo toda la tarde para hacer todo lo que tienes que hacer (a poder en la mitad de tiempo de lo programado) y si acabas de hacerlo todo, siempre haces algo más. Y todo el día con la música en los oídos o con un libro en las manos. Para llegar a casa por la noche, agotado, como es lógico, y quedarte hasta las mil viendo algún programa de televisión que te servirá, según palabras propias, “para desconectar un poco”.

Y a lo largo del día, que no te hagan esperar. Si pierdes el metro, ¿sabías que solo tarda cinco minutos en volver? Aunque parezca mucho, no lo es. Si vas al médico y tarda diez minutos en atenderte porque está con el paciente anterior, relájate, aprovecha esos minutos para respirar tranquilo, no te estreses, pero tampoco empieces – que nos conocemos, todos somos iguales – a pensar que ese es tiempo perdido.

Somos una generación con prisas, una generación individualista, inconformista, extremadamente reflexiva y, por ende, frustrada. Todo lo que criticamos de los Millenials (que son prácticamente máquinas, que necesitan un teléfono o un ordenador hasta para saber qué hora es) quizá es fruto de lo que nosotros hicimos. La sociedad está condenada a ir siempre a peor, eso es un hecho, y si nosotros – los de los 90 – somos como somos, ¿qué nos hace pensar que después iban a venir generaciones mejores?

Quizá ahora está creciendo los nacidos en la era tecnológica, pero sin duda, nosotros formamos la era de los inhumanos. Y es una pena. No miremos mal a quien se ríe en alto en tu mismo vagón de metro, ni analicemos al detalle a quien se sienta en el mismo banco que tú, ni en la misma mesa en una biblioteca. En vez de analizar – como robots, como máquinas, como los inhumanos que somos – ¿por qué no atrevernos a hablar y preguntar qué tal? Simplemente eso.

Sé que no es fácil, yo también soy un inhumano, pero, si somos tan inconformistas, ¿por qué nos conformamos con ser la era de los inhumanos?


Y creo que nada más,

Que os vaya bien,

Que lo paséis bien,

Que os queráis (es muy importante)

Y nos vemos muy pronto de nuevo por aquí.

¡Hasta la próxima!

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Autor:

Christian Corchuelo. Barcelona, 1996. Estudiante de la Universidad de Barcelona, facultad de Filología. Amante de la lectura, la escritura, la música, el mar Mediterráneo y la ciudad de Barcelona. Me siento vivo con pequeñas cosas, es lo bueno que tengo. Seguiré luchando. #ConfesionesdeunT3

2 comentarios sobre “La era de los inhumanos

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