Publicado en Inspiración

El error de Miguel

¡Hola, confesores!

Hoy os presento mi última inspiración. Esta vez no me ha inspirado un “qué”, sinó un “quién”. ¡Espero que os guste!


EL ERROR DE MIGUEL

Se comportó como un idiota. Lo sabe, seguro que lo sabe. Probablemente no lo haya podido evitar, no supo reaccionar. Teniendo en cuenta su vida es normal, no esta acostumbrado a esto.
Pero es que todo esto viene de largo, hace años que conozco a Miguel, éramos simplemente dos niñatos de trece años. Por ese entonces me hubiese partido la boca al llamarme “niñato” a los trece. Pero bueno, volvamos al tema principal. Conocí a Miguel el primer día del tercer trimestre de 2º ESO. Me acuerdo como si fuese ayer. Ambos habíamos escogido la optativa de teatro, pero no, no nos conocíamos. Yo era del grupo de la “C”, los que causábamos más problemas y él, él era uno de los empollones del “A”. ¡Cómo los odiábamos!
La profesora de teatro nos pidió ponernos en parejas para hacer una actividad para conocernos mejor. Yo me había juntado con Sergio y Daniel, mis mejores amigos. Pero la profesora me separó de ellos y me puso con Miguel, que estaba sin pareja. Al principio me negué, pero después me cayó genial. Le cogí una confianza tal en menos de una hora que, para conocernos, una de las preguntas que le hice fue cuál era su tipo de chica preferido. Me dijo que le gustaban más bien bajitas (como él), que le llamaban la atención las de pelo castaño, delgadas y con pinta de pijilla, pero no muy pijas. Le dije que yo las prefería más gamberras, no sé cómo me podía gustar eso entonces.
La cosa es que nos fuimos haciendo cada vez más amigos, él me ayudó a enderezar mi vida, hasta tal punto que acabé cuarto curso en el grupo de la “A”, y yo hice que él saliese más de casa, aprendiese a divertirse más allá de la lectura y los videojuegos. Incluso acabamos haciendo bachillerato juntos y hasta estamos en la misma universidad. Él estudia filología y yo historia. ¡En algo teníamos que ser distintos!
Siempre ha sido de ese tipo de persona que me ha sorprendido, ya sea por sus capacidades como por su manera de callarles la boca a los que se metían con él. Pero hoy me ha dejado verdaderamente sin palabras.
Hemos ido a estudiar a la biblioteca después de clases y, entre la cháchara y querer enseñarle un vídeo que me habían pasado por WhatsApp ayer por la noche, nos hemos equivocado de piso y no nos hemos dado ni cuenta. De lo que sí me he dado cuenta es de que había una chica que nos estaba siguiendo. Probablemente iba en la misma dirección, ¿quién sabe?
Cuando nos hemos dado cuenta de nuestro fallo, consecuencia de las distracciones hemos dado la vuelta para volver por donde habíamos entrado y, así, poder ir a la planta superior, donde queríamos ir. La chica nos ha ido siguiendo los pasos hasta la salida, y, una vez allí, ha decidido abandonar la planta detrás de nosotros. En ese momento le he dado un golpe en el codo a mi amigo, quien parecía haberse dado cuenta de lo mismo que yo.
Al subir a la tercera planta, la nuestra, entramos, fuimos al fondo y nos sentamos en una mesa a estudiar él inglés y yo el examen de antropología de la semana siguiente. Minutos después tuve que levantarme para ir al baño, así que lo dejé solo. Ya es bastante mayorcito como para tener guardaespaldas.
A la vuelta vi como la chica de antes se había sentado enfrente de mi amigo. Como él no me había visto decidí quedarme para observar el comportamiento de la chica. ¿Sería una psicópata o simplemente estaba aburrida y se había puesto a perseguirnos? Yo no encontraba otro motivo. Ella, morena, con una pinta de pijilla encantadora y con un tipazo increíble, pero para nada exagerado. Como a Miguel siempre le han gustado, y como a mí me han empezado a gustar hace poco, excepto porque a mí me gustan más rubias. No sacaba ningún libro, simplemente se sentó mirando fijamente a Miguel. Él debió notarlo porque levantó la cabeza hacia ella, ella le sonrió y agachó tímidamente la cabeza. La chica estaba colada por Miguel, no me lo podía creer, y él no se estaba dando cuenta de nada, lo que me sorprendió más.
Decidí ponerlos a prueba. Me acerqué a Miguel y le dije que teníamos que irnos. Ya no recuerdo qué excusa me inventé, pero sé que me hizo caso. Creo que estaba deseando irse. Se le veía incómodo. Decidimos bajar en el ascensor, donde me confesó que se estaba poniendo nervioso con la chica, que no entendía nada, que si estaba loca, que si le iba a decir cuatro cosas, que si, que si… Todo mentiras, no haría nada, como es lógico en él. Yo no quise decirle nada de lo que era obvio. Estaba tan ciego en su idea de la chica loca, ya se daría cuenta de lo que estaba pasando. Seguro. Tarde, sin tiempo para nada.
Pero la sorpresa me la llevé yo. Cuando el ascensor por fin llegó a la planta baja tras parar en cada una de las dos plantas intermedias, vimos que la chica misteriosa estaba allí al pie de la escalera respirando como si acabase de bajar los tres pisos de escaleras corriendo, lo que podría ser, si no nadie se explicaría cómo había llegado allí tan rápido.
En ese momento miré a Miguel, él me miró a mí. Me preguntó si realmente estaba allí, yo obviamente asentí. He de reconocer que estaba un poco asustado. Me estaba dando miedo la chica que primero nos persiguió, después se le quedó mirando fijamente y ahora estaba al pie de la escalera esperándole. Miguel, ya nervioso, fue hacia ella y le preguntó
– Perdona, ¿me estás siguiendo?
A ella simplemente se le subieron un poco los colores, sacó una media sonrisa de su boca y dijo un tímido y breve “Me gustas”. Acto seguido, antes de que pudiesemos reaccionar, se fue corriendo. No sé si ha sido una broma, como ha dicho él después, o realmente le gustaba, como yo le he dicho. Pero la verdad es que no entiendo cómo no ha sabido reaccionar. Podría haberla seguido él ahora y que la historia hubiese acabado como una película, con un beso inesperado, un final feliz.
Pero no, esto es la vida real, los chicos no somos tan valientes. Nos cortamos mucho, a veces demasiado, y somos bastante inútiles en eso de saber cuando una chica nos gusta.
La verdad es que creo que éste ha sido uno de los mayores errores que he visto cometer a Miguel. Una pena, sobre todo porque no sabe nada de ella: ni nombre, ni qué estudia, ni de qué facultad es, ni si estaría allí otra vez, ni si simplemente la volvería a ver alguna vez. Acababa de perder a su chica ideal.
Esta vez la inspiración ha sido más larga, espero que os haya gustado y ya sabéis, dad Like, comentad, compartid y difundid lo máximo posible. Y seguidme en las redes sociales 😉

¡Hasta la próxima!

ccorchuelo

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Autor:

Christian Corchuelo. Barcelona, 1996. Estudiante de la Universidad de Barcelona, facultad de Filología. Amante de la lectura, la escritura, la música, el mar Mediterráneo y la ciudad de Barcelona. Me siento vivo con pequeñas cosas, es lo bueno que tengo. Seguiré luchando. #ConfesionesdeunT3

3 comentarios sobre “El error de Miguel

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